Cosas del destino. El martes teníamos reunión en Madrid, en la Secretaría de Estado de Inmigración y Emigración, para discutir una posible colaboración (ya iremos informando). Tengo que confesar que era mi primer viaje en el AVE. Y para asegurarme y porque tenía yo los billetes, llegué temprano: ahí estaba a las 7 de la mañana en Sants, media hora antes de la hora prevista de salida (ley de Murphy: cuando vas con tiempo, todos los semáforos están en verde, el metro llega justo cuando entras en el andén…). O sea que a desayunar para hacer tiempo.
La sorpresa fue encontrarme a Miguel Pajares en el bar de la estación. También se iba a Madrid, a presentar el informe anual del OPI (Observatorio Permanente de la Inmigración), pero su billete era para el tren que salía antes que el nuestro, a las 7:20h.
Cosas que pasan: huelga de RENFE, el tren de las 7:30h anulado, nos pasan al de las 8, que acaba saliendo a las 8:35h. El resultado: llegamos a la Secretaría a las 12:15, cuando inicialmente teníamos que haber estado a las 11h (evidentemente, habíamos avisado del retraso).
Y lo que os decía del destino: nos invitan a entrar a la presentación de un libro, para hacer la reunión a la salida. Evidentemente, se trata de Immigración y mercado de trabajo. Informe 2009, de Miguel Pajares. Feliz coincidencia: pudimos escuchar su intervención y conseguir la publicación (lectura de vuelta en el AVE).
Os recomiendo acceder al trabajo de Pajares: el primer estudio con los datos finales de 2008 que analiza los efectos de la crisis en la población de origen inmigrante, en relación al mercado laboral.
Anoto algunos de los aspectos que me han parecido más relevantes de su informe:
- Los flujos migratorios hasta el año 2008, están directamente vinculados al crecimiento económico español, basado en sectores que requieren mucha mano de obra (construcción y servicios).
- Se prevé una disminución de los flujos de entrada debido a la situación de crisis y falta de oportunidades de empleo, pero deben contemplarse otros factores (sociales y familiares) que influyen en la decisión migratoria, con independencia de las oportunidades laborales.
- Las fuentes estadísticas nos dan información poco fidedigna: no son capaces de reflejar los flujos reales.
- La incidencia de la desocupación varía en función de los sectores y las categorías laborales, y también de los colectivos de origen. Los más afectados son (en este orden) el marroquí, el rumano y el ecuatoriano.
- La movilidad laboral y territorial permite una mayor adaptabilidad a las condiciones actuales del mercado.
- La recolocación de desempleados es uno de los retos más importantes en la actual situación.
- El retorno es una opción válida sólo para una parte de la población inmigrada, pero no para la mayoría.
De todos modos, me quedo, sobretodo, con dos de las reflexiones que aparecen en las conclusiones:
- El desempleo golpea tanto a los trabajadores/as inmigrantes como autóctonos.
- La lucha contra la xenofobia debe ser un objetivo prioritario.
No es ningún secreto que todavía no sabemos cómo se va a resolver la actual situación económica y laboral, ni sus repercusiones a nivel social (y así mismo lo comentábamos con Estrella Rodríguez, directora general de Integración de los Inmigrantes de la Secretaría). Pero sí que tenemos algunas cosas claras: las problemáticas son comunes, y a pesar de que pueda haber efectos o condicionantes específicos, las respuestas a los actuales retos deben dirigirse al conjunto de la sociedad (contemplando, evidentemente, su diversidad) y enmarcarse en un proyecto de futuro: para la construcción de una sociedad acomodada, cohesionada e inclusiva.
En tiempo de crisis se buscan nuevas vías y estrategias de actuación. No son pocos los que afirman que la salida pasará por un cambio de modelo productivo y también de “maneras de hacer”. Así, se postula la calidad, el valor añadido, la innovación como factores claves. Y en este punto, la diversidad de la sociedad catalana y española representa un potencial que no se tiene todavía en bastante consideración.
Por ejemplo, si se trata de situarnos mejor en un mundo globalizado y transnacional, la diversidad de orígenes de la población (más de 170 nacionalidades donde se hablan aproximadamente 300 lenguas) nos ofrece uno de los componentes necesarios. Además, no olvidemos las experiencias, conocimientos y el espíritu emprendedor de las mujeres y hombres que llegan a nuestra casa, lo que tendría que ser también un estímulo para los receptores. Pero eso implica dejar posicionamientos defensivos con debates inútiles sobre si la diversidad es positiva o negativa. Yo personalmente no quiero entrar en planteamientos dualistas de negro o blanco, cuándo estamos hablando de factores que forman parte de la realidad y que, aunque quisiéramos, no podríamos hacer desaparecer. Sin embargo, también creo que fuera bueno empezar por superar estereotipos y prejuicios socio-culturales tanto de las personas que llegan como de los que ya estaban, y potenciar la dimensión intercultural.
Por otra parte, la diversidad de orígenes, edad, género, ideologías, etc. son fuente de creatividad, lo que el sociólogo Richard Florida llama capital creativo. Los nuevos emprendedores inmigrados de América, un estudio de las universidades de Duke y California-Berkeley muestra que un 52% de las start-ups de Silicon Valley cuentan con, al menos, uno inmigrante entre sus fundadores (25% a nivel de los Estados Unidos). Las patentes depositadas por equipos mixtos (nacionales y extranjeros) fueron 6 veces superiores en 2006 que en 1993. Ya hace tiempo, que empresas como Microsoft potencian la ventaja competitiva de la diversidad. Incluso, la delegación española, fue designada el año 2004 la mejor empresa en la gestión de la diversidad por la consultora Great Place to work Institute.
Ahora bien, alguien se puede preguntar, ¿por qué la diversidad es fuente de creatividad? Entre otras razones destacaría tres: la sociedad diversa, como si fuera un ecosistema, dispone de más elementos para dar respuesta a los cambios. La creatividad en muchas ocasiones surge del contraste entre diferentes, pensamos en las vanguardias artísticas, que innovan a partir de hacer una relectura de expresiones del pasado incorporando un nuevo componente o técnica. Sin olvidar que un contexto diverso está cambiando continuamente, lo que provoca nuevos escenarios, a veces conflictivos, y ello supone nuevos retos y encontrar nuevas formas de gestionar éstos conflictos. En cambio, una sociedad homogénea, si es que hay alguna, sólo está adaptada a una configuración del entorno, si éste cambia no dispone de elementos de respuesta.
Hay que reconocer que es sencillo elaborar el discurso, sin embargo, ¿cómo lo llevamos en la práctica?. Y aquí no hay ningún manual donde consultar, las respuestas surgirán del mismo proceso de estímulo de la diversidad creativa. Nos podemos preguntar si el recién llegado encuentra facilidades para asentarse, mostrar lo que sabe y expresar propuestas para el conjunto de la sociedad, o por el contrario el entorno le empuja a pasar desapercibido. Quizás sea hora de olvidar nuestros mitos de una sociedad homogénea donde todo el mundo es idéntico.
Así pues, es en la creatividad de la diversidad donde se encuentra una de las vías de superación de la crisis. Argumento que no es nuevo. En el pasado, Cataluña ha sido una sociedad que ha sabido crecer a partir de la propia pluralidad y de la apertura en el mundo; pero eso sería para otro post.
Hace unos días coincidíamos en la parada del autobús una chica marroquí, un matrimonio de origen del sur de España y yo (latinoamericana, por resumir). El matrimonio comenzó hablando de lo raro que era el idioma árabe (siempre desde la buena educación y el deseo simplemente de conversar) y finalmente terminó explicando su experiencia migratoria por diversos países del norte de Europa durante los años 60’. Fue curioso ver el giro que dieron a su discurso en el momento en que recordaron su propia experiencia en aquellos raros países, en el que por cierto no aprendieron ni una sola palabra. Ellos soñaban con el Babel original donde hubiera una única lengua para todos, donde el castigo de la dispersión de los hombres y de la creación de diferentes idiomas desapareciera.
Es decir, la cuestión no reside tanto en el hecho de no querer entenderse, como en el de las dificultades de aceptar e integrar las diferencias. Ahora bien, como siempre ocurre al final del cuento, habría que decidir cuál de todas esas lenguas sería la privilegiada, la perfecta, la única. En una extensión imaginaria de la conversación presiento que en este caso la elegida sería el español.
Esta anécdota se me presenta como un ejemplo cotidiano de la situación actual de convivencia en algunas ciudades españolas. La cuestión de las lenguas, conjuntamente con las diferencias fisonómicas o de vestimenta, es la primera evidencia de que algo pasa en las actuales ciudades Babel de España. Dejaremos a un lado las diferencias intrínsecas de este país ya diverso de por sí, donde por lo menos se puede hablar de 4 idiomas y pueblos diferentes; y al otro lado, la diversidad que caracteriza a Europa donde cada país y cada pueblo ha logrado conservar sus diferencias. Algo está cambiando definitivamente, y esto es así en realidad tanto para los que llevan aquí toda la vida o ya estaban hace 10 años, como para los que acaban de llegar que se encuentran con esta diversidad sociocultural.
Actualmente esta cuestión se presenta como un gran reto para la sociedad española, que a pesar de haber tenido siempre una relación muy estrecha con los confines de la tierra, quizá es esta la primera vez en la que estos mismos confines se mueven de lugar. En todo caso y tal y como se presenta hoy este mundo totalmente globalizado y conectado, considero que el reto se presenta cuando menos interesante, porque como sociedad tenemos la oportunidad de crear una Babel en la que todos nos podamos entender, sobre todo desde el deseo auténtico y evidente de convivir en paz, y desde el reconocimiento del otro como diferente y portador de un mundo lejano y complejo a sus espaldas.