Aunque todavía no existen datos suficientes, algunos primeros estudios afirman que entre la población inmigrante se encuentra una relación muy baja entre el nivel de educación formal y el empleo (CESB 2007). La entrada de nuevos trabajadores/as con un nivel alto de capacidades profesionales en el mercado de trabajo en Cataluña se podría estar produciendo muy por debajo del nivel que les correspondería de acuerdo a sus capacidades formativas y, también de sus aptitudes.
Según datos de la OCDE (SOPEMI 2007) en España el problema de la subocupación (o del sobrecualificación) es una característica estructural de su sistema. España no tiene sólo la tasa de sobrecualificación más alta de toda la OCDE tanto en sus trabajadores autóctonos y inmigrantes sino, además, el diferencial más amplio entre ambos grupos. Pero la subocupación de los trabajadores inmigrantes no es nada nuevo ni único en el mercado laboral de España o de Cataluña. En Europa los expertos afirman que existe una dificultad estructural: los inmigrantes cualificados no encuentra ocupaciones cualificadas. Es así como la situación requiere de mucha atención.
Desde un punto de vista de modelo de ciudadanía y cohesión social, el surgimiento de barreras sociales para el ascenso social de los inmigrantes pone en riesgo tanto los proyectos personales frustrados como el propio modelo de sociedad abierta dónde los mecanismos de integración laboral no funcionen bien. Desde el punto de vista de la competitividad, el aprovechamiento de un valioso capital humano sería muy positivo.
Precisamente ahora, cuando la retracción de los sectores económicos dónde la inmigración se había ido ocupando es intensa, la cuestión de la reubicación de los trabajadores inmigrantes a otros sectores es una necesidad capital.
Pero, ¿qué dificultades se presentan para aprovechar todas las capacidades de los inmigrantes en estos contextos? En primer lugar, las dificultades pueden venir dadas por unos procesos de reconocimiento y homologación del capital humano que los inmigrantes llevan consigo. La capacidad de los trabajadores inmigrantes para acceder al mercado cualificado de trabajo está seriamente afectada por un problema en el reconocimiento de las cualificaciones, obtenidas en sus países de origen, pues les impide encontrar un empleo adecuado a sus competencias. De aquí que el reconocimiento de las cualificaciones es un tema central a la hora de asegurar una mayor movilidad laboral bajo condiciones más igualitarias.
En segundo lugar, puede existir un déficit de mecanismos establecidos que permitan una mejor adaptación a las necesidades. Hay que tener presente que los inmigrantes a menuda necesitan recursos especiales para situarse con éxito en el cambiante mercado laboral; su falta de experiencia en el contexto local, así como la falta de redes sociales en la sociedad receptora, pueden perjudicarlos claramente. De aquí que su capacitación para mejorar el dominio del idioma local y para desarrollar aptitudes profesionales deviene capital.
En tercer lugar, el factor discriminación en el mercado de trabajo aparece como un factor que debe considerarse para entender la situación de muchos inmigrantes que no consiguen los niveles profesionales que les correspondería. La aparición de prácticas discriminatoria más o menos evidentes, así como algunas actitudes racistas o xenófobas desarrollan también un papel importante como creadoras de una presión social que puede llegar a impedir una ocupación laboral más adecuada a las capacidades de la persona.
En cuarto lugar, hay que empezar a definir el factor diversidad como una oportunidad que como una dificultad. Profundizar en la relación entre diversidad y creatividad como factor que aporta competitividad es un camino que hay que tomar pronto. Abrir las puertas a los empleos cualificados a personas extranjeras es un ejercicio que exige un cambio cultural. La diversidad cultural puede convertirse en una fuente de generación de valor e innovación por parte de las empresas catalanas. Una gestión proactiva que tienda a “poner en valor” los nuevos elementos de capital humano que aporta la inmigración beneficia a las empresas y al conjunto de la sociedad.
Algunas de las características de los inmigrantes, tal como el multilingüismo, la experiencia intercultural, la flexibilidad y la movilidad, son específicas de su experiencia de migración y deberían de ser reconocidas como activos importantes para avanzar hacia una sociedad más abierta, más moderna. Este es el caso de los futuros profesionales que, nacidos y educados en entornos multiculturales, pueden ayudar a las empresas multinacionales a ser más competitivas en la economía global.