La lectura del reciente informe del CITE (Centro de Información para Trabajadores Extranjeros) de CCOO de Cataluña, “La situació laboral de les persones estrangeres“, me ha generado una reflexión que quiero compartir.
En el apartado de conclusiones, el informe apunta: “Por último, es evidente que una de las consecuencias indirectas de la crisis económica puede ser el incremento de la irregularidad sobrevenida de muchas personas extranjeras que no pueden renovar sus autorizaciones por encontrarse en el paro o por no haber cotizado a la Seguridad Social el mínimo necesario para hacerlo”.
El tema de la irregularidad es una de las cuestiones que en los últimos años ha preocupado más, en materia de inmigración. Pero continúa siendo un tema sobre el que buena parte de la población tiene todavía un gran desconocimiento.
Par analizar esta cuestión de una manera un poco rigurosa, en primer lugar debe establecerse una distinción importante entre los conceptos de extranjero/ae inmigrante. La extranjería se refiere, estrictamente, a la nacionalidad. Son extranjeras todas las personas que no tienen nacionalidad española. Se trata, por tanto, de una categoría unívoca, mensurable y, por tanto, estadísticamente significativa. En cambio, inmigrante se refiere a la procedencia, al hecho de haber llegado a nuestro país como resultado de un proceso migratorio. Y esta ya es una categoría más discutible: ¿quién es o no inmigrante? ¿hasta cuándo lo es? ¿de qué depende? En todo caso, cuando contamos extranjeros, los números son irrefutables. No pasa lo mismo si contamos inmigrantes: según quién cuente y en función de qué criterios, ¡salen más o menos!
La irregularidad se refiere estrictamente a la extranjería, y más concretamente, a la regulación legal de esta cuestión. La ley de extranjería establece determinadas condiciones y limitaciones al acceso de las personas extranjeras a la ciudadanía y a los derechos constitucionales (en función de las nacionalidades de origen).
La irregularidad, por tanto, no es una condición ”natural” de las personas inmigrantes o extranjeras, sino que se refiere a determinadas situaciones relacionadas con la entrada o residencia en España, que quedan fuera de los supuestos que establece la Ley de extranjería vigente.
Para encontrarse en situación irregular, no es necesario haber entrado en patera o en cayuco, ni escondido bajo los ejes de un camión. Estas imágenes terribles, de una gran proyección mediática (a pesar de ser muy minoritarias), han llevado a asociar irregularidad con ilegalidad y criminalidad, en nuestro imaginario. En situación irregular se encuentran muchas personas que han entrado legalmente a nuestro país, que incluso han residido y trabajado aquí de forma regular.
La irregularidad sobrevenida es aquella que deviene cuando, por motivos que muchas veces escapan a la persona extranjera, deja de cumplir todos y cada uno de los requisitos legales. Recupero el eslogan de hace unos años: ninguna persona es ilegal. En todo caso, puede cometer una ilegalidad o encontrarse en una situación ilegal.
En momentos difíciles como el actual, hay ciudadanos y ciudadanas, vecinos y vecinas de nacionalidad extranjera, que comparten los problemas que afectan al conjunto de nuestra sociedad. Personas que han contribuido al desarrollo de nuestro país y quieren continuar haciéndolo, con su trabajo y su esfuerzo. Que algunas de ellas, a causa de su nacionalidad, puedan perder el reconocimiento de sus derechos y deberes como ciudadanos y ciudadanas, no debería de ser tan fácilmente asumible en una sociedad democrática
M’agrada molt que treiem del bagul la distinció entre “ser il·legal” i “trobar-se en una situació il·legal”, ja que és un concepte que, encara que conegut, cal continuar recordant. El que no m’agrada és que la nova situació sobre la qual reflexiones ens pot portar fàcilment a una dinàmica on etiquetar persones amb la paraula il·legal sigui molt habitual. I les etiquetes acostumen a ser simplicacions de perjudicis i cerquen explicacions homogeneitzadores (que acaben sent discriminatòries). Un informe que és un bon toc d’alerta. Fins aviat.
Efectivament, l’existència i el creixement de situacions que porten a la irregularitat administrativa ens haurien de servir per abandonar definitivament la noció d’il·legalitat, amb totes les seves connotacions. Si en serem capaços o no, ja és una altra qüestió. Gràcies Virgili!