Necesitamos un nuevo modelo de solidaridad

Es razonable pensar que la situación que estamos viviendo impone una serie de medidas de contención del gasto en el conjunto de las administraciones públicas, que van a tener un impacto relevante sobre el gasto social. De hecho estamos viendo algo que hasta hace poco tiempo era impensable, a saber: administraciones autonómicas proponiendo recortes relevantes del gasto público en una fase claramente electoral.

Es posible que el estado del bienestar que construimos entre todos en los últimos 40 años del siglo XX (y que hemos conseguido mantener durante la primera década del siglo XXI) sea una realidad que debamos de replantearnos, Desde luego los niveles de cobertura social que hemos sido capaces de crear para determinadas capas sociales no tiene parangón en la historia y no sabemos si, lamentablemente, vamos a poder mantenerlas en el futuro. No sé si vamos a poder transferir a las generaciones futuras los ámbitos de bienestar que nosotros hemos podido disfrutar. Mientras que el grado de seguridad que hemos sido capaces de ofrecer a las capas sociales menos favorecidas ha sido sin duda muy notable, esta cobertura ha sido el elemento fundamental que ha permitido establecer y consolidar un entorno en el que los elementos de cohesión social han sido sin duda muy relevantes. Mantener estos niveles de cobertura va a resultar difícil. Los hechos ocurridos recientemente este verano en Inglaterra son claramente una muestra de las dificultades y de los problemas que están latentes en nuestro entorno.

Muchos de los programas sociales se han financiado contra los impuestos de las clases medias y contra deuda pública, algo que no va a poder mantenerse en el futuro. Hay quien afirma, y no le falta razón, que tales coberturas aparte de suponer grados importantes de desmotivación para determinados colectivos, han supuesto disfunciones relevantes en el comportamiento de los agentes económicos, creado una cultura del subsidio probablemente inadmisible e influido en la competitividad del conjunto de nuestras economías. Todo ello ha influido para que hayamos alcanzado volúmenes de déficit público fácilmente sostenible en épocas de crecimiento pero que resultará de difícil mantenimiento en situaciones de crisis.

Los recortes en el gasto público en servicios sociales son, están siendo ya muy relevantes y pueden ser base para graves conflictos sociales si no somos capaces de encontrar alternativas. En paralelo es perfectamente válido plantearse si determinados niveles de cobertura e igualdad alcanzados, que sin duda suponen un éxito social evidente, pueden al mismo tiempo resultar insostenibles y probablemente injustos.  El debate entre subsidio, compromiso social, exigencia y autonomía está de nuevo abierto sin duda.

En la actual situación el nuevo estado del bienestar debe de asumir la exigencia de racionalidad del gasto social, no su desmantelamiento o abolición. Un balance adecuado de derechos y obligaciones en el estado del bienestar futuro debe de destacarse como garante de sostenibilidad, y corregir determinados comportamientos individuales y colectivos excesivos que permite comportamientos probablemente cuestionables. Lo que la sociedad debe de comprender es que ante la reducción de los presupuestos sociales, también es necesario un esfuerzo para corregir las actitudes individuales inaceptables y la conciencia social al respecto de que estas actitudes no han de ser punibles.

No podemos olvidarnos de que las necesidades serán probablemente mayores o incluso más elevadas por lo que de un lado es necesario el compromiso social de los ciudadanos, y por otra el compromiso del mundo empresarial. Para ello será necesario arbitrar incentivos fiscales sin las cuales este compromiso es difícilmente sostenible. La existencia de un compromiso empresarial unido a la exigencia de planteamientos de productividad y eficacia en la gestión de los limitados recursos públicos con los que vamos a contar, son los elementos clave sin nos que será imposible encontrar un balance adecuado que permita hacer responsabilidad sostenible.

En definitiva necesitamos hacer entre todos un ejercicio de responsabilidad, exigencia, flexibilidad y productividad. Camino por el que abiertamente apostamos en Alius Modus.

Pau Hortal

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