Legislación “preventiva”: el debate sobre el burka
De nuevo repercusión mediática de un debate teóricamente vinculado a la inmigración. De entrada, una aclaración: en términos generales, estoy absolutamente de acuerdo en que ninguna mujer del mundo debería llevar burka. Las mujeres, todas las mujeres (de aquí y de todo el mundo), hemos de tener derecho a existir y a ser visibles en términos sociales, sin que se nos relegue a espacios cerrados (físicos o simbólicos). Como deberíamos tener derecho a expresarnos, a tomar nuestras propias decisiones, y a desarrollarnos como individuos en toda nuestra plenitud.
Pero no creo que el debate al que estamos asistiendo en los últimos días sobre la prohibición del burka en espacios públicos tenga realmente que ver con esto. Propongo algunas reflexiones en torno a esta cuestión:
- En primer lugar, la que considero más significativa: el burka no es una prenda de vestir extendida en nuestro país. No sólo eso, sino que es extraordinariamente minoritaria (¿alguien ha visto a alguna mujer con burka por la calle? Personalmente, tengo documentadas únicamente tres en Catalunya). La primera reflexión, por tanto, se impone: ¿tiene lógica un debate encendido sobre una cuestión tan minoritaria? ¿Realmente es tan grande la preocupación por la dignidad de las mujeres que justifique este debate (cuando cada día asistimos impunemente a la vulneración de derechos de muchas mujeres -inmigradas o no-, al acoso, a la violencia de género)? Me parece que es evidente que detrás de este tema hay otros elementos que son puestos en tela de juicio: inmigración, diversidad cultural y religiosa, acceso a la igualdad de derechos…
- En segundo lugar, otra cuestión significativa: ¿la gente conoce realmente la diferencia entre el burka, el niqab (que también a aparecido como pieza a prohibir) y el hijab? En los último días, en varias conversaciones sobre el tema, diversas personas (con un buen nivel de formación) me han confesado que no tienen ni idea. Entonces, ¿tenemos claro sobre lo que estamos discutiendo? El burka es una pieza que cubre la cabeza y la totalidad del cuerpo, dejando sólo una rejilla para facilitar la visión en la zona de los ojos. En cambio el niqab (o nicab), conocido también como velo integral, es un velo normalmente de color negro que cubre cabello, cuello y cara, a excepción de los ojos. Ambas son prendas extendidas principalmente en próximo y medio oriente (el primero fue declarado obligatorio en Afagnistán bajo el domino talibán, y el segundo es muy extendido en el Golfo Pérsico). El hijab es un término genérico que normalmente designa el pañuelo que cubre el pelo y en ocasiones el cuello. Es la pieza que habitualmente reconocemos en las mujeres musulmanas.
Las conclusiones me parecen evidentes:
- La primera, como ya apuntaba, que nos encontramos ante un falso debate. No hay ninguna necesidad ni ninguna justificación técnica para legislar sobre esta cuestión en nuestro país. Cualquier municipio tiene capacidad para identificar si hay alguna mujer con burka e intervenir de forma proactiva (con la mujer, la familia y su entorno) para conseguir que se lo quite con muchas garantías de éxito. Ya llevamos suficientes años trabajando y tenemos suficientes profesionales cualificados para resolver el tema de otras maneras. La legislación “preventiva” no es justificable a nivel técnico y genera necesariamente “efectos colaterales” que no contribuyen de ninguna manera a la cohesión social.
- Retomando esta cuestión, la sobreexposición de debates que remiten a determinados colectivos minoritarios (en este caso a la población musulmana), previamente estigmatizados, refuerzan su estigmatización. La ecuación que combina burka – discriminación de las mujeres – inmigración – fanatismo religioso – seguridad… no sólo no refleja la realidad de nuestros municipios, sino que incide muy negativamente en la convivencia y la cohesión social futura.
- Finalmente, desde la pretendida defensa de las mujeres, volvemos a cargar contra algunas de ellas. La victimización del colectivo de mujeres musulmanas es un elemento más de discriminación: la “protección” de determinadas mujeres ante un problema que (con excepciones muy contadas) no tienen, con medidas punitivas, se contradice con el proceso de empoderamiento que deberían hacer para devenir sujetos activos de sus propios procesos, y actores significativos en nuestra realidad social (y eso sí es evitar su discriminación)
Mi impresión es que, actualmente, estamos asistiendo a intentos desesperados de capitalizar el malestar de muchos sectores de población en relación a la inmigración, ¿quizás para conseguir votos? El uso electoralista de la inmigración se contradice con la gestión responsable de la sociedad y los procesos que afectan al conjunto de la ciudadanía.


Comparto contigo la reflexión de intervenir de forma proactiva y no a través de la edición de leyes personalizadas, creo que será positivo pensar en participar a los responsables de la comunidad musulmana para evitar la posibilidad de extensión del extremismo relegioso en las sociedades porque tienen mucha credibilidad y influencia sobre un colectivo determinado.
Completamente de acuerdo, Hicham. A veces se nos olvida la importancia de que los mismos colectivos inmigrados participen en la gestión de la diversidad (una forma más de exclusión…).