Talento que huye

Años atrás, durante una época en la que estuve trabajando bastante tiempo en varios proyectos en América Central y América del Sur, me impresionó la cantidad de personas que me confesaban que su objetivo era marchar de su país de origen para encontrar mejores oportunidades y más bienestar. Eran personas mayoritariamente jóvenes, con un nivel de preparación alto y con un desencanto más que perceptible en sus argumentos. Muchas de esas personas me reconocían que habían luchado por conseguir un trabajo en una multinacional ya que esa era la vía más fácil para poder marchar de su país y mejorar sus vidas.

La situación me impresionó  por las consecuencias que pude imaginar, tanto para las empresas para las cuales esas personas trabajaban como para, sobre todo, la evolución de las sociedades de esos países.

En el caso de las empresas, el que una persona valore su integración en una organización como un trámite en el camino hacia la consecución de su objetivo personal va a incidir en la definición de las prioridades de esa persona. Y, en función de la integración entre sus prioridades y los intereses de la compañía, las cosas pueden ir mejor o peor. Ya he comentado en anteriores ocasiones que la proximidad entre intereses personales e intereses organizativos, y el equilibrio entre ellos, acaban determinando el nivel de compromiso de las personas.

En el caso de los países, las consecuencias me parecieron y me siguen pareciendo mucho más preocupantes. En la experiencia a la que me refiero al inicio de este post, es posible considerar que las personas que buscaban marchar de sus países eran parte de los cimientos de la construcción del bienestar futuro de esas sociedades. En la gran mayoría de los casos, eran personas jóvenes, con titulaciones superiores o medias de los ámbitos de la ciencia, de la técnica o de las organizaciones, políglotas, y con un cierto nivel de experiencia profesional. Personas en cuya formación y desarrollo, además de sus familias, también habían invertido y dedicado recursos las sociedades de sus países. Esfuerzos y recursos que, una vez esas personas marchaban, acababan siendo inútiles para la sociedad al no existir un retorno fruto del rendimiento del talento que se había ido construyendo.

Quiero remarcar que con la afirmación anterior no estoy hablando de actitudes egoístas por parte de quienes marchan. Puedo asegurar, y así lo muestran muchos de los análisis que se han realizado sobre los movimientos migratorios, que aquellas personas decidían marchar cuando habían llegado a la conclusión de que en su país no existían oportunidades. Y su motivación de migrar se encontraba en la confianza en alcanzar un mayor bienestar a través de las oportunidades que otros países, otras sociedades y otros modelos económicos y empresariales les ofrecían.

Últimamente, y con una frecuencia cada vez más alta, me estoy encontrando con que este fenómeno se está produciendo en España. En los proyectos en los que estoy trabajando en ámbito europeo, ya es muy frecuente que me encuentre con personas con pasaporte español, de ese perfil que antes describía, que han decidido desarrollar su carrera y desempeño profesional en otros países. Cada vez más escucho a personas jóvenes que están valorando o que ya han decidido empezar a buscar un proyecto profesional fuera del mercado español.

Y son personas que forman parte de la generación mejor capacitada y preparada de la historia. Personas que han tenido acceso a una formación universitaria y/o de postgrado de calidad (su formación inicial es anterior a la actual crisis de la calidad de la enseñanza obligatoria que sufrimos), que han participado en programas Erasmus que les han hecho políglotas y globales, que han sido pioneros en la incorporación normalizada de las nuevas tecnologías en sus vidas personales y profesionales. Personas que pueden desplegar un talento muy alto, pero que manifiestan que en este país no encuentran oportunidades, ya sea porque no hay actividad empresarial en su ámbito geográfico por el deficiente modelo de localización de la actividad productiva en España (más allá de las grandes regiones metropolitanas, poca vida económica parece que esté quedando después del desplome del sector de la construcción), o porque lo que pueden obtener en las oportunidades que encuentran es incierto, poco incentivador o muy lejano de las aspiraciones en base a las cuales tomaron una decisión de formación y de esfuerzo personal.

Es un fenómeno que ya se está estudiando y analizando. Valga como ejemplo el Informe Innovacef, centrado en el ámbito de los investigadores (http://tinyurl.com/2wzjyfy). Pero el fenómeno va más allá del ámbito de la investigación (quizás el más conocido y comentado). Son personas de la sanidad, de la ingeniería, de la arquitectura, del marketing, de los recursos humanos, de las nuevas tecnologías, de las finanzas, de la técnica, de la enseñanza. Y también muchas personas emprendedoras. Sólo es necesario ver algunos de los capítulos del programa “Españoles en el Mundo” de TVE.

Esto no es exportar talento. Es una huída del talento. Una hipoteca de coste altísimo para nuestro futuro como sociedad, porqué cuando alguien joven marcha, es muy fácil que construya su vida y sus raíces en un lugar distinto al de su origen. Seguro que la crisis económica de estos años está influyendo. En muchas compañías se ha tenido que pasar de trabajar en los procesos de retención del talento a las acciones de supervivencia con el talento disponible.

Por supuesto que las empresas tienen una responsabilidad en este fenómeno. Y tienen una responsabilidad para encontrar respuestas que ayuden a que el talento que esta sociedad ha contribuido a construir genere riqueza y bienestar. Pero la responsabilidad va más allá de las empresas y de las organizaciones. Afecta al modelo de sociedad, al modelo económico y a los valores por los que nos queremos reconocer. Y ahí estamos todos: dirigentes políticos, administración pública, organizaciones empresariales y sindicales, universidades y, sobre todo, ciudadanos, que al final somos quienes, a través del ejercicio de la democracia y de la participación, podemos determinar el camino que queremos que tomen las cosas.

Parece que el talento ya no tiene suficiente con la tópica calidad de vida del “Spanish way of living”.

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