Sobre nuevos y antiguos racismos

Estimado,

El otro día me preguntabas cómo me encontraba y te expliqué sobre las cosas cotidianas que me importan: mi hijo, el trabajo, la salud. Pero olvidé comentarte algo que cada día me carcome más el alma y me preocupa profundamente.

Vivo con consternación la evidencia de un racismo que deja de convertirse en una semilla tirada al suelo por casualidad y que se petrifica, a ser una semilla que encuentra suelo fértil y ramifica y crece como una planta en sectores cada vez más amplios y diversos de esta sociedad. Y es que cuando los discursos puedes palparlos en acciones que claramente afectan a las personas, estos dejan de ser simples ideas respetables y más o menos tolerables para  transformarse en actos repudiables. No pasa un día en que no escuche comentarios desagradables sobre los inmigrantes, que no se me juzgue por mi color de piel y por las ideas preconcebidas que puedan tener sobre mi país de origen, que no vea profesionales guiados por prejuicios y falsos rumores en su práctica cotidiana, que no vea niños y niñas separados por el país de origen de sus padres o de ver malentendidos absurdos por esta razón.

Hoy vi un documental de Amnistía Internacional donde resaltaban y recordaban, a través del cine comprometido de todos los tiempos, la historia y el origen de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y también constataban con preocupación el retroceso importante que está viviendo Europa en este sentido, que no deja de ser un importante fracaso en el objetivo de hacer de los derechos humanos no una meta sino el camino natural para la convivencia. Teun A. Van Dijk habla sobre un nuevo racismo que yo dudo en adjetivarlo como nuevo “…que quiere ser democrático y respetable, y, por tanto, en primer lugar niega que sea racismo” y además se caracteriza por su forma discursiva que “Sin embargo, pueden ser igual de eficaces a la hora de marginar y excluir a las minorías”. Incluso pueden hacer más daño, especialmente porque a los que se encuentran en este tipo de discurso e interacción les parecen totalmente “normales”, “naturales” y “llenos de sentido común”.

A pesar de esto actualmente estoy muy contenta de poder continuar ejerciendo, ayudando a aquellas y aquellos persones que más ayuda necesitan. Pero a la vez me es imposible mantenerme inerme. Por eso elijo unirme a los que alzan la voz ante la evidencia cotidiana de esta grave fractura social que vivimos en esta sociedad, en la que también yo he decidido vivir y a la que quiero aportar lo mejor de mi historia personal y colectiva. La historia de la humanidad nos ha enseñado una y otra vez que la paz es el único camino para vivir y convivir, y esta se ha de tejer diariamente con nuestras palabras y en nuestra forma de ver el mundo y a quien nos rodea. Cuando cada día me encuentro cara a cara con este monstruo vuelvo al optimismo de mis orígenes y recuerdo a José Martí, nuestro autor cubano (aragonés) por excelencia, cuando le escribía a su hijo el Ismaelillo: “Espantado de todo, me refugio en ti. Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud y en ti

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2 Comentarios

  1. yoa dice: - responder

    sabia que lo habias escrito tú, lo vi en el facebook pero no salia tu nombre y mientras lo leia, sabia que esa reflexión solo podia ser tuya.

  2. Xitlali dice: - responder

    Y por qué estabas tan segura que era mía. Qué le da el sello? Además de José Martí?

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