Una vuelta a la cuestión del civismo
Definitivamente, el tren me inspira. El fin de semana pasado estuve en Valencia con mi familia, y en el viaje de vuelta en el Euromed, me costó aguantar la risa. Proyectaron la película Hellboy II (me reservaré la opinión sobre el film…). De pronto se encienden los monitores, aparece el señal del DVD con el no disk de rigor, y al cabo de un momento empieza el habitual anuncio contra la piratería y el aviso legal según el que queda expresamente prohibida la reproducción de la cinta fuera del ámbito doméstico. Es cierto que podríamos considerar que el tren (comodísimo, por cierto) se convierte en nuestra casa mientras viajamos en él… pero no creo que las autoridades contemplaran este supuesto.
Recientemente hemos finalizado un grupo de trabajo de la Xarxa Local de Diversitat i Ciutadania de la Diputación de Barcelona, sobre actuaciones y experiencias para promover la convivencia y el civismo en el ámbito local (todavía estamos trabajando en el documento de conclusiones). Y una de las reflexiones interesantes que aparecían (y que no es la primera vez que aparecen cuando trabajamos con técnicos y políticos locales) es en torno a las “responsabilidades” del incivismo.
La tendencia a “culpabilizar” a determinados sectores de población (o en general a la ciudadanía) de los comportamientos incívicos y de las dificultades de convivencia, no dejan ver la biga en el ojo de la administración pública. Uno de los participantes nos contaba (y constataba en las diferentes sesiones) cómo en su barrio el camión de recogida selectiva de basura vaciaba los contenedores de cristal (con el consiguiente escándalo) a altas horas de la madrugada. Contraviniendo la ordenanza, por lo que a respecta a ruidos a partir de una determinada hora.
Estamos en verano, hace calor, la gente está en la calle hasta tarde, dormimos con las ventanas abiertas… y las posibilidades de conflicto se multiplican. ¿Realmente nos volvemos incívic@s en función de la época del año?… ¿o la cuestión no tiene tanto que ver con las actitudes de las personas (o al menos no sólo con ellas) como con los escenarios (tiempos y espacios) de convivencia?
Os remito a una cita de Jordi Borja, que utilizo habitualmente en las formaciones que hemos hecho sobre convivencia y civismo, y que me gusta especialmente:
Es decir, si hay que hablar de urbanismo y civismo, antes de culpar a los ciudadanos y tratarlos como niños mal educados a los que hay que enseñar las cuatro reglas de “la urbanidad” tradicional más o menos aplazada, hablemos primero del incivismo del urbanismo real, del que muy a menudo las políticas públicas con responsables o cómplices. (“Urbanisme i ciutadania”, en Els monogràfics de Barcelona. Metròpolis Mediterrània, nº 6, año 2005)


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