Hijas de familias marroquíes en Cataluña (por alusiones)

Tuve la sorpresa (ciertamente agradable) de verme citada en un artículo de La Vanguardia del pasado sábado 25 de julio, “Cuando Amina crece“. Y no puedo evitar matizar y puntualizar algunas de las afirmaciones del texto.

En primer lugar, efectivamente soy antropóloga, y formada en la Universidad de Barcelona, pero no he tenido más relación académica que algunas colaboraciones con el departamento de geografía humana, en el grupo de investigación dirigido por Horacio Capel (Geocrítica). Y para no faltar a la verdad, no me parece justo aprovecharme del prestigio académico cuando en este momento no tengo una vinculación con la Universidad. En cuanto a mi vinculación con la Asociación Socio-Cultural Ibn Batuta, fui su coordinadora de programas entre los años 1999 y 2002 (época en la que realicé la investigación citada -inédita-, con el apoyo de la Fundació Jaume Bofill).

Dicho esto, y sin desmentir las afirmaciones del artículo, sí que creo que habría que añadir algunos matices importantes. En primer lugar, tengo la sensación de que cuando se habla de procesos de integración de personas migrantes (y no sólo en este artículo), se tiende a una visión bastante esencialista. Una visión sin grises, en la que parece que sólo hay dos opciones posibles: blanco o negro. Una visión que lleva a establecer una dicotomía entre asumir y acceder a los dictados familiares (vinculados a la tradición), o la ruptura con los lazos familiares.

Es cierto que en los procesos de “negociación” que las chicas de origen marroquí mantienen con sus familias aparecen tensiones importantes, conflictos no exentos de crisis, e incluso rupturas. Pero en estos procesos hay muchos más matices: a menudo, cuando se dan rupturas, éstas son parciales, coyunturales, o pueden tender a resolverse.

Otra cuestión que quiero destacar es la importancia casi exclusiva que se da a los procesos internos en el seno de las familias (individuales y colectivos), prescindiendo de otros elementos externos. Olvidamos que el peso de las oportunidades reales que ofrece el entorno, condicionadas por la misma estructura de nuestra sociedad, son condicionantes tanto o más significativos que el de las intenciones o voluntades (ya reflexioné sobre este tema en “Integración: ¿cuestión de voluntad o de oportunidad?“).

En este sentido, la misma idea que aparece en el artículo, citando a Najat el Hachmi, del sentimiento de no pertenecer a ningún lugar que pueden tener estas chicas, tiene mucho que ver con la mirada que ponemos desde fuera a sus procesos identitarios. Los individuos tenemos la capacidad de generar sincretismos identitarios, por mucha distancia que haya entre los referentes culturales de los que disponemos (como proponía en “¿Determinismo cultural?“). Es la presión del entorno que considera sólo “aceptables” determinadas identificaciones (o ser de aquí o ser de allí), la que genera la sensación de no pertenecer a ningún sitio.

Finalmente sólo contravendría una de las afirmaciones que hace La Vanguardia, cuando dice que “muchas de sus acciones son el resultado de adaptar la nueva sociedad en la que viven a las antiguas tradiciones de las que proceden”. Pienso que, en este caso, debería formularse al revés: si una cosa se adapta son las antiguas tradiciones a la nueva sociedad. Y en este caso, el orden de los factores sí que altera el producto.

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6 Comentarios

  1. Pau Hortal dice: - responder

    Marta acabo de leer tu nota asi como el articulo de la Vanguardia. Yo creo que los procesos de integración son como tu dices el resultado de una determinada voluntad dentro de un marco cultural determinado. En todo pienso que el inmigrante debería de hacer el máximo esfuerzo posible por integrarse en el nuevo entorno en el que reside, y tambien que el entorno deberia de hacer lo posible por respetar la identidad de aquel. No es un proceso facil, que a pesar de todo se ha hecho con bastante dignidad en los últimos años en Catalunya/España pero que al final terminará bien por la integración completa del inmigrante en un nuevo entorno en el que él habrá influido (porque ya no será el mismo que al que llegó) o por el mantenimiento de entornos cerrados/guetos donde pervivan conceptos no adaptados al entorno en donde se vive. Creo, sin embargo, (no puede ser de otra manera) que estos núcleos cerrados tenderán salvo excepciones)a desaparecer claramente en 2/3 generaciones. Pau Hortal

  2. Marta Casas dice: - responder

    Gracias por el comentario, Pau. Estoy de acuerdo contigo en la disyuntiva entre un proceso de integración/adaptación/aceptación de las personas inmigrantes o un proceso de segregación y discontinuídad social. Que el primero es posible (a pesar de las teorías alarmantes y poco sostenibles de las distancias y choques culturales), me parece un hecho provado. Mi miedo es que evitar la segunda opción pasa no sólo por las voluntades de las personas que han llegado, sino también por las de las que ya estábamos aquí, y por la superación de determinados mecanismos estructurales de desigualdad (y eso ya son palabras mayores)… Pero bueno, estamos aquí porque creemos en lo que creemos, ¿no? Tiempo al tiempo…

  3. malik dice: - responder

    Hola Marta,
    he leido su texto sin ponerme en el caso tratado.pienso que crear un debate sobre la inmigracion desde un solo punto de vista sera fracasado hoy o mañana.no estamos hablando de un tiempo a otro de inmigracion.hora,la pregunta es mas clara que cualquier otro tiempo.no existe el ‘yo’y ‘otro’o ‘igual’y
    ‘diferente’.lo que existe es la sociedad en que vivimos todos.debe haber un debate de como construir estas identidades o mejor reconstruirlas de manera no perder los principales de cada una de ellas y formar un objetivo en que somo todos responsables a conseguilo.
    gracias
    malik (marruecos)

  4. Marta Casas dice: - responder

    Gracias por tu comentario Malik, y Ramadán Karim.
    Estoy de acuerdo contigo en que existe una sociedad en que vivimos todos, y que las identidades podrían reconstruirse en común sin perder lo específico. Pero continuo pensando que no es una cuestión únicamente de voluntad, sino que hay otros elementos en juego que dificultan esta cuestión.
    Ma’salama.

  5. Anita dice: - responder

    Yo pienso que en el caso de una sociedad como la marroquí tan dominada y controlada por el islám, es difícil una integración tal y como pueda verse desde un salón en el que todo se proyecta de color de rosa.

    Recientemente los marroquies que residen en España han creado un partido político musulman, la religión está presente en todas sus acciones y se observa claramente que más que integración buscan hacerse un hueco en España e incluso poder decidir políticamente sobre Cataluña o España, pero en beneficio propio, si hubiera otra intención se habrían adaptado a nuestra política, pues la cantidad ingente de españoles que emigraron a Alemania en el pasado jamás creo un partido político allí.

    Recientemente hemos visto como ofrecen sus mezquitas para que algunas poblaciones catalanas celebren las consultas sobre la independencia de Cataluña, ¡vaya forma de integrarse!, las intenciones de esas consultas significan la destrucción de la España que conocemos legal y reconocida internacionalmente y esa inmigración apoya la segregación, remitiéndome a las noticias actuales sobre el tema, de modo que de integración nada, más bien hacerse un hueco y cambiar dentro de todas sus posibilidades nuestro mundo español y occidental hacia sus formas marroquies y por tanto musulmanas.

  6. Marta Casas dice: - responder

    Anita,gracias por expresar aquí tu opinión.
    Creo que es importante tener en cuenta algunas consideraciones en las afirmaciones que haces. En primer lugar, la heterogeneidad que existe entre la población marroquí (tanto la residente en España como, obviamente, la de Marruecos). Cualquier generalización sobre ella corre el riesgo de caer en una visión errónea y estereotipada (como muchas de las afirmaciones que históricamente se han hecho sobre los españoles -por ejemplo en Alemania-). Por otro lado, en relación a la participación política de las personas de origen extranjero (algunas pueden tener la nacionalidad española), su capacidad de transformar nuestro país es más que relativa: tanto por su peso demográfico como por el poder real (económico, político) que tienen los colectivos migrantes. Nuestra sociedad es, en este momento, extremadamente compleja y, como sostenía en el post, considerar la dicotomía inmigrante-autóctono por encima de otras cuestiones que nos acercan más que nos alejan (o pueden acercarnos más que alejarnos) no facilitan la integración de nadie. Insisto que en estos procesos no es únicamente la voluntad o interés de los colectivos migrantes lo que facilita su integración, sino también la visión que de ellos tenemos desde la sociedad de acogida.
    Saludos,

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