Después de la crisis

Este lunes 29 de junio estuvimos con Pau Hortal en la conferencia de Jacques Attali en el Cercle d’Economia. El economista francés de origen argelino presentaba su último libro, ¿Y después de la crisis qué…? Pudimos constatar el interés del tema y del personaje: la sala estaba repleta, la conferencia fue brillante, y el turno de debate incluso quedó corto.

No conocía a Jacques Attali, pero la impresión que me causó fue muy positiva. La claridad de su exposición y la contundencia de sus argumentos me parecieron una muy buena aportación a los discursos (múltiples y diversos) en torno de la crisis, sus causas y sus efectos.

Encontré especialmente interesante su lectura de la crisis como situación de desequilibiro, que significa el final de alguna cosa, pero también el comienzo de nuevas realidades (la crisis como motor de cambio). Según Attali, el desequilibrio es síntoma de vida, por contraposición al equilibrio absoluto que supone la muerte. También debo confesar que al oír sus palabras (sin duda animosas), pensé que las personas que en este momento están recibiendo más directamente las consecuencias de la crisis (las que se han quedado sin trabajo, que no pueden pagar sus hipotecas o ven como se acaban sus prestaciones de paro) difícilmente compartirán su visión… Pero des de un punto de vista analítico y como punto de partida, me parecen una buena aportación.

Llevando el agua a mi molino: al final de la conferencia, cuando repasaba tres cuestiones básicas para garantizar el desarrollo (la población, la tecnología y los recursos), me pareció especialmente acertada su reflexión. Constataba como Europa, y Occidente en general, había crecido a partir de lo ajeno: tanto la población (a través de los flujos migratorios) como la tecnología (reconociendo así la fuga de cerebros) y los recursos. Para concluir que Europa necesita generar recursos, pero también y sin duda priorizar la educación y la capacitación de su población para hacerla competitiva, y mantener el crecimiento de población. Para ésta última cuestión, dos únicas vías: o tener muchos hijos e hijas, o aceptar de una vez por todas la población extranjera.

Queda dicho.

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