Corbatas y pantalones caídos: convivencia generacional

A veces conviene centrarse en el lado divertido de la diversidad. Y más en verano. Así que, hace unos días impartí una formación para un grupo de directivos de una compañía con la que llevo colaborando hace algunos años. El perfil (¡y la imagen!) de las personas que estaban en la sala me hizo conducir el debate hacia la convivencia generacional.

Empiezo describiendo el perfil y la imagen de las personas que se reunían en la sala. De entrada, había más mujeres que hombres, con edades inferiores a los 27 años, camisetas y camisas de colores muy vivos, algún tatuaje asomando por debajo de una manga corta, zapatos deportivos y pantalones caídos por encima de los que se publicitaban Calvin Klein, Bjorn y otros nombres famosos. Nada diferente a lo que es habitual ver en nuestro entorno y que no supone ningún elemento de escándalo.

Lo curioso es establecer la comparación con los perfiles y la imagen de otros grupos con los que he podido trabajar en esa compañía (y no hace tanto tiempo). Exclusivamente hombres, por encima de los 35 años, camisas de manga larga y corbatas. Y en muchos de esos grupos hemos hablado de la importancia de cuidar la imagen cuando se trata con clientes o cuando se dirige un equipo. Pero, ¿alguien cree que para esos directivos y directivas jóvenes los pantalones caídos no son parte de una imagen cuidada?

El tema, y ese fue el motivo del diálogo en la formación, fue escuchar la frustración que supone para estas personas el sentirse siempre cuestionadas por los integrantes de sus equipos. Comentaban la dificultad que supone dirigir a alguien que tiene la edad de tus progenitores, que tiene más años de experiencia en la compañía que tu propia edad, que piensa que estás de paso porqué promocionarás en un par de años y que tiene unos hábitos consolidados por los resultados en el tiempo. Y, mientras les escuchaba, no puede evitar pensar en que además llevan corbata.

Pantalones caídos y corbatas. Conocimiento experto y conocimiento sin contaminar. Piercings y gemelos. Equilibrio y voluntad de cambio. Maletines y mochilas. Lo relativo de los problemas y lo absoluto en las soluciones. Trajes chaqueta y leggings debajo de una blusa. Y muchas más cosas que todas juntas dibujan la realidad de la convivencia en muchas compañías.

El diálogo en la sesión de formación que comentaba se fue orientando hacia la necesidad de practicar la empatía entre los dos grupos generacionales para comprender los motivos de las opiniones de otras personas. Y concluímos que con actitudes visibles de respecto hacia la contribución, ya realizada en los veteranos y potencial en los juniors, sería posible generar el valor de la convivencia generacional (sin necesidad de abandonar la corbata o los pantalones caídos).

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