Gestión de la diversidad: gestión de las diversidades
La gestión de la diversidad es, sin duda, uno de los principales retos que afronta nuestra sociedad. Pero es también una cuestión profundamente compleja, y parte de esta complejidad pasa por su misma conceptualización: el concepto de diversidad no es unívoco, y la capacidad que tengamos de identificar sus múltiples caras, incide en las oportunidades de gestionarla.
Cuando hablamos de diversidad, tendemos a pensar casi exclusivamente en la diversidad vinculada a factores culturales, prescindiendo de otros factores que pueden ser tanto o más significativos.
Una primera dificultad a la hora de desglosar esta cuestión, tiene que ver con la noción de cultura: ¿qué es y qué no es cultural? Una pregunta que nos llevaría a un debate complejo, al que desde la antropología (y desde otras disciplinas) se han hecho interesantes aportaciones.
En todo caso, me parece evidente que el uso que se hace habitualmente del concepto de cultura (fuera de los ámbitos académicos y/o especializados) tiende al reduccionismo. Las visiones próximas al determinismo cultural, que interpretan las trayectorias, características, comportamientos y actitudes de los individuos en función de la pertenencia cultural son evidentemente simplistas y poco rigurosas. Las personas no somos como somos sólo por haber nacido en un lugar u otro, hablar una u otra lengua, o practicar una u otra religión. Afortunadamente, todos los individuos humanos somos bastante más complejos que todo eso.
Lo que nos distingue a un@s de otr@s, tiene que ver también (y mucho) con el lugar que ocupamos en la estructura social y los condicionantes socioeconómicos que se derivan de esta posición, con el género, la edad, las trayectorias individuales y familiares, las características personales, etc. Una multiplicidad de variables que se combinan entre ellas y condicionan quién somos y cómo nos situamos en la sociedad.
La gestión de la diversidad debe plantearse necesariamente desde el reconocimiento de esta complejidad. Para que las opciones de gestión se ajusten a las realidades objetivas y no a modelos preestablecidos, es necesario contemplar no sólo la pertenencia cultural, sino también los condicionantes vinculados a la posición social, el género, la edad, las capacidades…


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