Del machismo al posmachismo sin aviso ni tregua
El libro de Miguel Lorente Acosta, Los nuevos hombres nuevos. Los miedos de siempre en tiempos de igualdad me engancha desde el primer momento pero no consigo acabarlo hasta algunas semanas después. Y es que he conseguido conciliar mi vida laboral y familiar, pero no la personal.
El libro, analiza y desgrana magistralmente las nuevas estrategias de opresión masculina en la ‘era posmachista’. Con la consolidación de las reivindicaciones femeninas, el alcance de determinados puestos de responsabilidad o el desarrollo de las políticas de igualdad activa, los hombres han percibido, por primera vez, que su posición de poder o referencia está en cuestión. Las políticas de igualdad son consideradas como “favorables” para las mujeres a costa de los hombres, lo que se traduce en una sensación de pérdida de privilegios. Esta percepción de la nueva realidad da lugar al inicio del “posmachismo”, como una posición nueva, teóricamente cercana a la igualdad, pero que en el fondo lo que hace es cuestionar la igualdad, porque ellos la identifican como un beneficio exclusivo para las mujeres, no como un bien común para la sociedad.
Así que los posmachistas, apunta Lorente, no son tan distintos a los hombres de antaño. Quizá parezca que defienden la igualdad de géneros, pero en lo más profundo de sus mentes continúan elaborando estrategias que les permitan perpetuar la dominación sobre las mujeres. Conscientes, sin embargo, de que los tiempos modernos requieren técnicas igualmente modernas, el género masculino, ha urdido nuevas tramas para defender su posición de poder, la mayoría de las cuales se basan en los supuestos problemas que el acceso de la mujer a todas las categorías sociales ha traído al seno familiar. De este modo critican, por ejemplo, que algunas mujeres pongan denuncias falsas contra sus parejas, que algunas madres estén generando en sus hijos el Síndrome de Alienación Parental, que haya que luchar excesivamente para conseguir la custodia compartida… Por tanto, el posmachismo no critica el discurso de la igualdad en sí, sino que cuestiona un montón de asuntos puntuales para deteriorar poco a poco ese mismo discurso.
Invito a mis colegas de trabajo a la lectura. El libro será una buena excusa para profundizar sobre la temática en mi entorno laboral. Y es que aún estamos intentando enfrentar los mecanismos del machismo para justificar y promover el mantenimiento de actitudes discriminatorias contra las mujeres, cuando nos sorprende el posmachismo y sus nuevas estrategias.


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