Integración: ¿cuestión de voluntad o de oportunidad?
El comentario de Pau al post de Xitlali me ha recordado una cuestión que ha sido motivo de debate en muchas ocasiones: ¿la integración de las personas migradas es una cuestión de voluntad? Dicho de otra manera: ¿las personas que no se integran es porque no quieren? ¿O porque no pueden? Las preguntas son conscientemente capciosas. No es fácil responder a estas cuestiones porque es la pregunta misma la que está mal planteada. De entrada, porque la noción de integración es, como mínimo, polisémica. Depende de quién, en qué contexto, cuándo y cómo se utiliza este término, nos remite a procesos y realidades muy diferentes. ¿Qué significa estar integrado? ¿Quién decide y en base a que criterios, cuándo una persona está o no está integrada? ¿Y dónde o a qué ha de integrarse la población migrada? El concepto de integración es y ha sido un concepto controvertido, muchas veces cargado de connotaciones asimilacionistas. En palabras de Francesc Carbonell: «casi siempre el modelo de integración que se postula es un cóctel precisamente de los tres ingredientes a los que hacía referencia: asimilación, adaptación y sumisión. Con el único matiz de las proporciones con qué se utiliza cada ingrediente: asimilación a la cultura de los que tienen el poder (…); adaptación a las precarias condiciones de vida que les imponemos y a la explotación propia de la economía sumergida; y sobretodo, sumisión total y absoluta a las normas y costumbres de los que mandan, sin ninguna posibilidad de participación democrática.» Hace un tiempo, en una discusión sobre si la integración de las personas inmigradas dependía o no de su voluntad de integrarse, utilizaba un ejemplo que me parece todavía muy claro. Evidentemente, el esfuerzo personal y las ganas de convertirnos en miembros y participar plenamente en la sociedad que vivimos es fundamental para garantizar los procesos de inclusión (¡y no sólo entre la población inmigrada!). Pero las mismas desigualdades inherentes a nuestra estructura social hacen que la “dosis” de voluntad necesaria para tener éxito en este proceso sea diferente según los casos y los contextos. Y ahí va el ejemplo: si pudiéramos medir la voluntad a peso, lo que yo puedo conseguir con medio quilo de voluntad es mucho más de lo que conseguirá una persona migrante extranjera con diez quilos. Y aquí, el hecho de ser o no extranjero, no es el único elemento condicionante. Porque entre la población extranjera también se establecen estas diferencias: hay personas de determinados orígenes y determinados perfiles socioculturales que necesitan mucha más voluntad que otras para conseguir lo mismo. ¿Qué elementos inciden en esta desigualdad de partida? Como antropóloga reconozco (¡evidentemente!) la importancia y el peso de los condicionantes culturales, pero no soy en absoluto partidaria de las explicaciones culturalistas. En las dificultades de integración de determinados colectivos tienen mucha más incidencia la percepción negativa generalizada y la estigmatización de la que son víctimas, los patrones migratorios y las pautas de asentamiento, los perfiles socioculturales y el capital cultural del que son portadores los y las migrantes, los condicionantes socioeconómicos… que no las supuestas distancias culturales. Vuelvo, por tanto, a la pregunta: ¿la integración es una cuestión de voluntad o de oportunidad? Ya he dicho que no había una respuesta simple: depende de la combinación de ambas cosas. A mí, de todas maneras, se me genera otra pregunta: ¿qué efecto tiene sobre la voluntad de las personas migradas de integrarse y convertirse en miembros de nuestra sociedad, la falta de oportunidades reales? Controlar las voluntades ajenas es una tarea compleja (y de dudosa legitimidad). Pero en garantizar la igualdad de oportunidades no sólo tenemos un importante campo de acción, sino también una responsabilidad evidente desde los sectores públicos de nuestra sociedad democrática.


Marta, estic total i absolutament d’acord,sense dubte l’antropologia és qui millor pot explicar una qüestió tant complexa i a l’hora senzilla com aquesta. Altres qüestions es desprenen desprès en quant els processos psicòlogics, etc…Però crec que aquí està el kit de la qüestió i és on hem de generar el debat…M’ha encantat!
[...] Otra cuestión que quiero destacar es la importancia casi exclusiva que se da a los procesos internos en el seno de las familias (individuales y colectivos), prescindiendo de otros elementos externos. Olvidamos que el peso de las oportunidades reales que ofrece el entorno, condicionadas por la misma estructura de nuestra sociedad, son condicionantes tanto o más significativos que el de las intenciones o voluntades (ya reflexioné sobre este tema en “Integración: ¿cuestión de voluntad o de oportunidad?“. [...]