¿Lenguaje incluyente vs. economía del lenguaje?
Aún se oyen los ecos de las risas tras las “miembras” de Bibiana Aído, ministra (que no ministro) de Igualdad.
Es cierto que la feminización de algunos términos nos suena todavía chirriante, pero también lo es que el lenguaje es un reflejo de lo que somos, de cómo pensamos, de cómo entendemos el mundo y también de cómo evolucionamos.
Cuando, desde la RAE, académicos de la lengua como Gregorio Salvador defienden que “la lengua es un sistema económico de expresión y el masculino vale en este caso [miembros] como término neutro que sirve para masculino y femenino”, una no puede más que verificar la inmensa distancia que existe entre la Academia y la sociedad. Y cuando además el mismo académico, en respuesta a la afirmación de la ministra de que el término se utiliza en Iberoamérica, asevera que “no es cierto, en absoluto, que allí [Iberoamérica] se utilice ese término” y que puede que “alguna como ella lo diga; casi nunca nadie está solo en su propia estupidez, siempre tiene acompañantes”, una, además de descubrir su estupidez, se siente inmensamente solidaria con las estupideces latinoamericanas de los movimientos de mujeres en América Latina.
La lengua no es un sistema estático; como la sociedad, se halla en permanente evolución y genera nuevos términos para los nuevos usos y escenarios sociales, tecnológicos, etc. No hace tantos años conseguí mi título de “licenciado”. ¿No nos resulta eso impensable ahora? ¿Dónde está la economía de mantener la o en vez de poner una a?
La cerrazón resulta aún más sorprendente cuando la misma Academia puede incorporar sin tantas reticencias anglicismos como pen drive, para el que es de uso corriente una expresión en castellano, lápiz de memoria.
Así que empezar el blog de Alius Modus con el propósito de utilizar lenguaje incluyente no es un mero capricho, sino un paso que contribuye a la transformación de una realidad donde persiste la exclusión y discriminación de las mujeres, exclusión y discriminación que no es menos real porque algunas personas insistan en ignorarla.
Como “miembra” del equipo de profesionales que integran Alius Modus no puedo más que congratularme con el reto.


interesante…
desde que vivo en españa (soy latinoamericana), vivo muy de cerca la exclusión vía el lenguaje, ya no tanto por género (qué también), sino por mi idioma latino: las palabras, las terminaciones, mis eses (S/Z/C)…
y si… es importante reivindicar la lengua como ese sistema maravilloso en constante transformación.
gracias
Mi español se llenó de eses y de multiples palabras y expresiones, que han enriquecido mi capacidad para comunicarme con otras personas, después de 5 años viviendo en Guatemala. Como en ningún otro lugar adquirió sentido la palabra compañera. El lenguaje debería servir para construir puentes y para ello es fundamental que sea inclusivo. Lo que no se nombra, no existe.
Gracias por hacerte presente.
Estoy de acuerdo, pero también hay un factor importante en mi misma, por ejemplo, que es el tema de la educación formal en el que nos han enseñado de una manera tan férrea ciertas palabras sólo en masculino o en neutro, que cuando intentas feminizarlos, la verdad es que se hace muy, muy difícil y ocurre un ruido tan grande en tus cimientes lingüisticas, que a veces prefieres seguir hablando como siempre. Creo que realmente para llevarlo al pie de la letra has de militar muy firmemente en este aspecto del cambio y estar dispuesta a todo lo que eso implica en el día a día tanto en lo que respecta a ti, como a las respuestas que tendrás, como le pasó a la Aido. Y eso que ella es ministra.
Hace mas de seis años que vivo en tierras angloparlantes y, acostumbrada a mi lengua materna, el castellano, no me deja de sorprender (en un sentido de admiración) la “paciencia” que la gente de aqui arriba tiene en cuanto al uso de genero se refiere. Aqui no usan el termino masculino como neutro, de hecho no tienen uno. Cuando hablan de personas utilizan constantemente los terminos “ella o el” (she or he). por ejemplo dirian “la o el examinador” o “la o el medico” o lo que sea. La verdad es que es un placer vivir en una sociedad con “igualdad de género linguística”.
Vanessa desde Irlanda
Quiero agregar otra razón a las ya mencionadas antes.
El argumento del “sistema económico de expresión” no se sostiene. La feminizacion de este término (como de muchos otros)nos da más información que su uso “neutro”. Porqué negarse a ello? Qué beneficio se obtiene?
Pareciera concebirse al lenguaje como una barrera para los cambios sociales; que al menos no se diga lo que ocurre en la realidad…
Hola!
Yo propongo que cuando sea un hombre el que hable, lo haga en masculino, y cuando sea una mujer, lo haga en femenino. No tiene mucho sentido que una mujer hable diciendo “nosotros”, ¿qué os parece?
Os agradezco las reflexiones.
Indudablemente somos parte de la cultura a la que pertenecemos y ésta tiene sus normas y consignas lingüísticas. Sin embargo, el lenguaje como artefacto cultural es modificable, por mucho que en nuestro entorno sus raíces se hundan en el patriarcado y modificarlo implique no pocos enfrentamientos con ilustres – y no tan ilustres – machistas.
El español, a diferencia de idiomas como el inglés, tiene escasos neutros entre sus sustantivos y eso nos obliga casi al ingenio para no llenar los textos de “o/a” u “os/as” o las terribles arrobas. A pesar de ello, en ausencia de alternativas, me quedo con la primera opción.
Y sin duda me apunto al lenguaje como sistema de expresión y abandono cualquier interés en hacer economía con el mismo. El lenguaje, por encima de todo, debe facilitar la comunicación y para comunicarme en plenitud necesito hacerlo en femenino.
Interesante la reflexión sobre la concepción del lenguaje como una barrera para los cambios sociales. Siempre pensé que la ley iba por detrás de la sociedad, lo cierto es que el lenguaje también, y aunque si bien no puede frenar los cambios, los silencia al no nombrarlos. Mantengo lo de que ‘lo que no se nombra no existe’.
Y lo de hablar en función del sexo de la persona que habla… eso puede acabar distorsionando igualmente la realidad. ¿Voy hablar de nosotras en un entorno en el que puedo ser la única mujer?
Creo que expresarnos con lenguaje incluyente debe significar, necesariamente, que todas las personas referidas se sientan identificadas o incluidas.
Este es el reto, y lo importante no desfallecer.
La igualdad social no se otorga poniendo una “a” al final de una palabra o una profesión. Esto se logra poniendo la misma cifra en las nóminas, el mismo respeto en el trato y la misma posibilidad de ascenso y de ser escuchado. La lengua es un ente vivo que se rige por principios propios que de ninguna manera pueden imponerse. Además, es necesario distinguir entre sexo y género. Esto último poco o nada tiene que ver con derechos sociales ni igualdad de la mujer. A ver ¿cuántos personos conocéis que quieran cambiar el nombre de su profesión por “ciclistos, electricistos, periodistos, artistos, juristos, o tantas otras referencias a hombres y mujeres, ambos, con palabras que acaban en “a”? ¿Alguien ha oído a algún hombre quejarse de que se siente discriminado por referencias a su persona como “columnista” en lugar de “columnisto” o “persona” en lugar de “persono”? Disculpadme los que tan fervorosamente defendéis esta “chorrada”, pero esta actitud vistimista es la que nos mantendrá en posición inferior. Hay batallas que no valen la pena luchar. Nuestro esfuerzo debería centrarse en lo que realmente cuenta, y dejar que la lengua siga su rumbo, que hasta ahora lo ha hecho muy bien ella solita.
Totalmente ridículo y absurdo. El lenguaje es un medio para facilitar la comunicación y debieran respetarse sus estructuras más fundamentales. El uso del masculino para generalizar o a modo neutral, ningún contenido misógino o de inequidad de género implica, solamente lo es para las calenturientas mentes afectadas por el feminismo extremo que no conforme con socavar los fundamentos de la sociedad y la moral, quiere incluso deformar nuestro hermoso idioma. El principio de economía del lenguaje, aunque sea en la actualidad políticamente incorrecto, es gramaticalmente necesario.